Se trata de un alimento con miles de años de historia cuyo invento se suele atribuir a los turcos y que, según se cree, empezó a consumirse antes incluso de que surgiera la agricultura –era un alimento básico para los pueblos nómadas–. De sus bondades han hablado numerosos estudios: se ha dicho que es muy rico en calcio, ayuda a reducir el colesterol, rebaja el riesgo de sufrir algunos tipos de cáncer (como el de colon), combate las diarreas y el estreñimiento, favorece la absorción de grasas y un largo etcétera.

Y a esa lista ahora debemos añadir otro: según sugiere un nuevo estudio publicado en el American Journal of Hypertension y elaborado por un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston (EE. UU.), una mayor ingesta de yogur por parte de hombres y mujeres hipertensos se asocia con un menor riesgo de que sufran en un futuro una enfermedad cardiovascular.

yogur

La presión arterial alta o hipertensión es uno de los principales factores de riesgo en el caso de las enfermedades cardiovasculares y afecta a entorno a mil millones de personas en todo el planeta; de hecho la cifra –que afecta en su mayoría a quienes viven en países con ingresos bajos y medios– se ha duplicado en los últimos cuarenta años. Normalmente se considera que un individuo sufre hipertensión arterial cuando su presión arterial sistólica (o máxima) supera los 140 milímetros de mercurio (Hg) y la presión diastólica (o mínima) está por encima de 90 mmHg. Aunque no son cifras que debamos tomar al pie de la letra, ya que también depende de factores como, por ejemplo, la edad o el género.

 

Ensayos clínicos llevados a cabo en el pasado ya habían demostrado los efectos beneficiosos que un consumo diario de yogur puede tener en nuestra salud cardiovascular. El mayor consumo de lácteos se ha asociado con efectos beneficiosos sobre las comorbilidades relacionadas con problemas cardiovasculares, como la hipertensión, la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina.

 

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